Si usted pensaba que los actos de magia y las desapariciones sorprendentes eran exclusivos del circo, la Unidad Fiscal Nº 2 de Itá le tiene una revelación: la justicia paraguaya también sabe esfumarse en el momento exacto.
El pasado 29 de agosto, un imputado por violencia familiar se presentó muy puntual para declarar en su audiencia indagatoria, pero al mirar hacia el sillón principal, se encontró con que la fiscala Alejandra Vera simplemente no estaba. Ante la insólita escena, el defensor público que asistía al procesado no dudó en dejar constancia formal en el acta, señalando con el dedo en el renglón la flagrante violación al principio de objetividad y preguntándose si el escritorio de la representante del Ministerio Público de verdad requería un fantasma para tomarle la declaración al ciudadano.
A ver, pongamos las cartas sobre la mesa jurídica. El artículo 84 del Código Penal dice bien clarito que el imputado debe declarar ante el fiscal encargado de la causa. Es verdad que una reforma reciente le permite a los asistentes fiscales encarar ciertos trámites de la investigación bajo la atenta mirada de su jefe, pero la norma fue pensada como un salvavidas para cuando el titular anda sudando la gota gorda en un allanamiento exprés o en un operativo impostergable. La gran incógnita que hoy flota por los pasillos judiciales es si la doctora Vera estaba en medio de una arriesgada incursión policial o si andaba resolviendo asuntos de dudosa urgencia lejos del despacho. Porque una cosa es estar persiguiendo el delito en la calle y otra muy distinta es dejar la oficina vacía como por arte de magia mientras los expedientes se acumulan.
Y es que la historia no termina en una tarde de ausencia repentina. Entre pasillos ya corre el rumor de que los faltazos de la fiscala son más continuos de lo que admite su agenda, levantando sospechas que solo un control estricto o una buena auditoría de gestión podrán desmentir o confirmar. La sociedad paga impuestos para tener autoridades presentes, listas para firmar, investigar y tomar decisiones serias, no para jugar al escondite con el debido proceso. Para colmo de males, la buena de la fiscala no viene cosechando precisamente aplausos: el pasado 13 de agosto, el Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados le abrió una investigación tras haber sido vista muy sonriente haciendo proselitismo político en la Facultad de Derecho de la UNA junto a salpicados por la sonada ‘mafia de los pagarés’. Así que, entre sillas vacías y campañas en buena compañía, la gestión en Itá promete seguir dando de qué hablar.
Fuente: Observapy



