Con la salida del presidente Santiago Peña en una gira oficial de diez días —primero a Venezuela para reunirse con Delcy Rodríguez y reabrir canales diplomáticos, y luego a Estados Unidos para la Asamblea General de la ONU y citas empresariales—, el vicepresidente Pedro Alliana asume el Poder Ejecutivo en un escenario de alta volatilidad política.
Su principal cometido de cara al 29 de septiembre será mantener una frágil tregua y evitar un desbande de las bases coloradas antes de las cruciales elecciones municipales del próximo 4 de octubre.
Esta transición ocurre en el marco de la mayor fricción en los casi 16 años de historia del movimiento Honor Colorado, fundado el 18 de diciembre de 2008. La pugna contrapone de forma inédita la autoridad del titular de la Asociación Nacional Republicana (ANR), Horacio Cartes, contra la dupla Peña-Alliana, queriendo impedir que esta fractura ponga en peligro el respaldo parlamentario al Gobierno.
El distanciamiento de Alliana hacia Cartes resulta impactante en términos de lealtad política, dado que el exmandatario no solo fue su padrino en la arena gubernamental, sino quien financió de forma personal su costoso tratamiento contra el cáncer en Brasil. Sin embargo, Alliana ha decidido plantar postura frente al expresidente exigiendo el fin de las imposiciones unilaterales, en especial tras el intento de Cartes de fijar a Juan Carlos Baruja como acompañante de fórmula en la precandidatura del oficialismo.
La correlación de fuerzas dentro del partido de gobierno se divide actualmente en cuatro grandes bloques estratégicos: En primer lugar está el bloque de gobernadores, conocido como el G15 y articulado por el líder departamental de Guairá y presidente del Consejo de Gobernadores, César Sosa, quien también aspira a integrar la chapa presidencial. Este grupo rechaza categóricamente la figura de Baruja, promueve abiertamente la consolidación del peñismo y exige un recambio en la cúpula de Honor Colorado, habiendo dejado marcado su descontento mediante el vacío a Cartes en diversos actos públicos.
Un segundo pilar lo constituyen los diputados, quienes cerraron filas con los gobernadores para brindarle a la dupla presidencial el músculo político necesario para confrontar la conducción tradicional. Como aliados naturales en el territorio se suma un tercer bloque compuesto por los intendentes, que respaldan el liderazgo de Peña atendiendo a que la prioridad inmediata del mandatario es asegurar el mayor triunfo comunal posible.
En contraste, la cúpula fiel a Cartes ha quedado recluida en el sector más reducido del Senado, liderado por Basilio Núñez, presidente del Congreso, y Natalicio Chase, líder de la bancada. A este núcleo duro se suman senadores como Antonio Barrios y Gustavo Leite —tildados irónicamente por el ala de los diputados como «los sin votos»—, aunque no toda la bancada senatorial apoya ciegamente la línea del exmandatario. El reto para Alliana será evitar que esta discrepancia quebrante el apoyo del Senado a los proyectos del Ejecutivo.
Por fuera de este conflicto interno gravita una debilitada disidencia colorada que lideran Arnoldo Wiens y el expresidente Mario Abdo Benítez, sectores que hasta la fecha guardan silencio ante la interna pero mantienen acuerdos puntuales en ciertos distritos, como la candidatura de Camilo Pérez en Asunción. De este modo, los diez días de Alliana al frente del país no solo medirán su capacidad de gestión, sino su temple para conducir al oficialismo hacia los comicios de octubre sin que la estructura se resquebraje.

Fuente: Ultima Hora


